Esto se explica a través de la mejora de las perspectivas entre las economías avanzadas, debido a (i) mejores expectativas de crecimiento en EE.UU., con las medidas de estímulo fiscal, y (ii) un sólido desempeño de las principales economías del centro de Europa, que se han desacoplado de los países de la periferia del área del euro, lastrados por las tensiones financieras. Así, en líneas generales, el patrón de crecimiento de la economía mundial se mantiene prácticamente sin cambios, dado que el motor de dinamización más relevante sigue siendo el área emergente, liderada por Asia.
Las divergencias señaladas en el crecimiento seguirán conllevando unas políticas macroeconómicas diferenciadas en ambas regiones, con políticas monetarias altamente expansivas en Estados Unidos y Europa que, como efecto colateral, favorecen la búsqueda de rentabilidad en mercados emergentes y en materias primas. Al mismo tiempo están comenzando a aparecer signos de recalentamiento en algunos países de Asia y Latinoamérica, lo cual está empujando a las autoridades a considerar la implantación de políticas de endurecimiento monetario antes de lo previsto anteriormente, especialmente en Asia.
Las perspectivas de crecimiento de la economía mexicana han mejorado en línea con las de EEUU, con el mantenimiento de unas favorables condiciones de financiamiento y con su difusión en el mercado doméstico a través del empleo
En un escenario global en el que cada vez está más claro el diferente ritmo de recuperación dependiendo de la zona de la que se trate, México se beneficia de su elevada exposición a EEUU, que junto al conjunto de economías emergentes constituyen los soportes del ciclo positivo en la economía mundial. Además, las condiciones de financiamiento de la economía mexicana siguen siendo muy favorables, tanto en términos de costo como de disponibilidad, tanto foránea como doméstica, lo que favorece que el dinamismo externo se transmita a la generación de renta de hogares y empresas a través del empleo y la inversión. Considerando el mantenimiento de estos factores, se espera que tras haber crecido cerca del 5.2% en 2010, resulta razonable esperar que México mantenga en 2011-12 una tasa de variación del PIB del 4% anual en promedio (4.3% en 2011 y 3.8% en 2012), bien por encima en todo caso del promedio de la década pasada, cercano al 2%.
El balance de riesgos del escenario de crecimiento está sesgado al alza en 2011, lo que no debería distraer la atención de los problemas que dificultan la mejora de la capacidad de crecimiento de medio plazo en México: seguir fortaleciendo un imperio de la Ley efectivo y completo, intensificando la competencia económica y reduciendo las vulnerabilidades de la política fiscal.
El consumo familiar seguirá creciendo con el soporte de una oferta de financiamiento bancario capaz de atender una demanda que evoluciona al ritmo del ingreso disponible de los hogares
La demanda doméstica y en particular el consumo de los hogares están recuperándose con la mayor capacidad de gasto de las familias, muy dependiente de su expectativa de ingreso disponible. Éste depende a su vez de su ingreso disponible efectivo, determinado fundamentalmente en el mercado laboral por el empleo y el ingreso por hora, pero también de la capacidad de suavizar las oscilaciones derivadas de la pérdida de ingresos mediante el apoyo de: el sector público –ayudas por desempleo, gasto en sanidad y educación-, el sector externo –remesas de emigrantes- o el sector financiero mediante la disponibilidad de crédito. Como se ilustra en la publicación, el peso del consumo de los hogares en México no es comparativamente bajo respecto al de otros países, pero sí que es más volátil, seguramente porque los mecanismos que permiten suavizar los choques en el ingreso son menos potentes. En este sentido, la evolución del gasto en consumo se asemeja más a la del ingreso disponible obtenido en el mercado laboral formal que a la del total del mercado laboral mexicano. Esa mayor semejanza resulta consistente con el mayor acceso a los mecanismos de suavización de los choques en ingreso antes señalados: transferencias públicas o financiamiento, preponderantemente proporcionado por el sistema bancario mexicano en función de las perspectivas existentes de generación de ingreso. Así, como se ilustra en la publicación, existe una relación estadística significativa y positiva entre el gasto de los hogares en consumo y el crédito bancario destinado a este segmento. Nuestras estimaciones muestran que un aumento del 10% del crédito bancario al consumo está asociado a un aumento en el consumo de entre 0.5% y 0.9%. Además, también se muestra cómo los indicadores de oferta de crédito disponibles, aunque no ligados directamente al financiamiento del consumo, llevan a concluir la existencia de una relación positiva entre consumo y capacidad de oferta de crédito bancario al consumo. Se puede deducir, además, que excepto en el periodo de la crisis financiera global, no ha existido una restricción relevante en la oferta de crédito. Esa restricción de oferta estuvo ligada a un entorno financiero global muy adverso, en el que el costo y la disponibilidad de financiamiento para los bancos, además del riesgo de crédito en determinados segmentos de la economía, llevaron a intensificar criterios prudenciales y de riesgo en la concesión de financiamiento.
Adicionalmente, al centrarnos únicamente en el lado de la oferta de crédito, tenemos que la vuelta del indicador de oferta al nivel promedio vigente entre 2003 y 2008 resultaría consistente con un aumento del consumo real de los hogares de entre 0.4 y 1.6 puntos porcentuales. Esta magnitud, relativamente reducida, se deriva del limitado mercado al que el sistema bancario mexicano puede acceder dado el elevado grado de informalidad existente en la economía. Un mayor grado de formalidad en la economía lleva aparejado no sólo un mayor acceso al financiamiento por criterios de riesgo, sino también, y sobre todo, niveles de productividad, salarios e ingreso relativamente más elevados y por lo tanto con mayor capacidad de gasto.
Expectativas de inflación ancladas y brecha de producto todavía negativa permiten esperar que la pausa monetaria se mantenga hasta 2012, aunque con un sesgo mayor hacia una más pronta subida
Los cambios en la comunicación de la política monetaria por parte de Banxico consolidan el papel preponderante de las perspectivas inflacionistas en el centro de sus decisiones. El banco central valora el impacto que pueda tener sobre ellas un amplio abanico de variables, desde la brecha de producto al tipo de cambio pasando por choques de oferta que alteren los precios relativos. Sin automatismos en la toma de decisiones, con un margen de maniobra consistente con un enfoque preventivo para lograr la estabilidad de precios. Las expectativas inflacionarias de la economía mexicana se encuentran ancladas por debajo del límite superior del objetivo de inflación de Banxico del 3%, sin que sean previsibles, en nuestra opinión, cambios que puedan llevar a una subida de tasas de Banxico al menos a lo largo de todo este año. Las presiones desde la demanda sobre los precios serán, en caso de haberlas, limitadas, dada una brecha de producto que, independientemente de su nivel exacto parece que está aún simplemente cerrándose. Además, ello es condición necesaria pero no suficiente para que se den presiones de demanda sobre los precios.
El tipo de cambio contribuirá al anclaje de las perspectivas de inflación en un entorno en el que las políticas monetarias de los países desarrollados, y en particular la de EEUU, seguirán siendo acomodaticias. Además, el impacto de las oscilaciones del tipo de cambio en la inflación registrada es significativamente menor que en el pasado como resultado de que México está integrado en una zona comercial mayor y del anclaje de las expectativas inflacionistas de los agentes económicos, con lo que el riesgo de un impacto alcista de potenciales depreciaciones del tipo de cambio parece muy limitado. El escenario planteado resulta consistente con una perspectiva de continuidad de la pausa monetaria hasta 2012, aunque con un balance de riesgos que se sesga más hacia una más pronta subida que hacia una subida más retardada. Un más rápido aumento de la demanda doméstica, no descartable dado lo comentado anteriormente, y/o el impacto de choques de oferta en precios relativos –por ejemplo de las materias primas alimenticias- pudiera trasladarse a las expectativas de inflación, lo que, en su caso, supondría una más pronta subida de las tasas de interés respecto al calendario previsto. Redacción