El resiliente consumo privado debería seguir apoyando al crecimiento. Los riesgos están sesgados a la baja. Retrasos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte más allá del plazo límite en marzo, o la posibilidad de que Estados Unidos salga del acuerdo podrían ser un lastre para la economía.
La potencial incertidumbre debido a las elecciones presidenciales en julio, con respecto a la implementación de las reformas aprobadas durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto también implicaría vientos en contra.
Unas condiciones más estrechas en el mercado laboral y un crecimiento positivo del empleo apuntan a salarios más altos y un consumo doméstico resiliente. Una inflación más baja y remesas todavía fuertes, que se benefician del bajo desempleo en Estados Unidos, también deberían aportar. El impulso actual será parcialmente compensado por un débil crecimiento del crédito como consecuencia de las altas tasas de interés tras los ajustes a la política monetaria en 2017.
El crecimiento de las exportaciones está encaminado a superar la mayor demanda de importaciones. Las exportaciones deberían beneficiarse de una fuerte demanda externa, consistente con el crecimiento positivo en Estados Unidos, y una recuperación en la actividad económica en América Latina.
Se prevé que los envíos petroleros caigan en 2018, pero debería ser un menor lastre que el año pasado. Es probable que las importaciones crezcan en línea con una mayor demanda interna y las crecientes compras de gas y petróleo. El tipo de cambio tocó fondo en 2016, pero se mantiene débil y sigue apoyando a las exportaciones netas.
La retórica proteccionista de Estados Unidos tuvo un impacto mínimo en las exportaciones durante 2017. Los potenciales cambios al TLCAN, o una salida de Estados Unidos, implican riesgos, pero es poco probable que tengan impacto en las exportaciones en el corto plazo. Las negociaciones, que inicialmente se esperaba se completaran en 2017, están previstas para terminar en marzo, aunque no se pueden descartar retrasos adicionales.
Es poco probable que una decisión de salirse del tratado obtenga apoyo del Congreso estadounidense. Incluso si se tomara esa decisión, requeriría de una notificación con seis meses de antelación, lo cual implica que la decisión no afectaría las exportaciones antes del cuarto trimestre de 2018.
Las tasas de interés son altas y consistentes con condiciones monetarias más restrictivas. Las expectativas para una menor inflación en 2018 implican que el banco central podría reducir las tasas para apoyar la inversión y la demanda e impulsar el crecimiento económico en 2018.
Pero hay poco espacio para errores, los riesgos inflacionarios están sesgados al alza y persiste un alto nivel de incertidumbre. En estas condiciones es probable que el Banco de México mantenga un tono cauteloso y espere a tener evidencias de que los resultados están alineados con las expectativas antes de realizar cambios.
Una menor inflación a principio de 2018 podría proveer alguna flexibilidad e independencia frente a la volatilidad del tipo de cambio y las decisiones de la Reserva Federal de EE.UU.; lo suficiente para terminar con el ciclo de alzas, pero no para iniciar los recortes.
Vemos que es más probable que los recortes a las tasas ocurran en el segundo semestre de 2018, una vez que la inflación caiga por debajo del 4%, y los riesgos y la incertidumbre disminuyan.
Una menor inflación debería permitir al banco central reajustar la política monetaria de restrictiva a neutral. Los expertos de Bloomberg Economics esperan que el banco central mantenga las tasas de interés en 7.25% y espere hasta el cuarto trimestre para reducir 25 puntos base en cada reunión en octubre, noviembre y diciembre. Un fuerte crecimiento de la economía, esperado después de la renegociación del TLCAN y las elecciones limitaría los argumentos que apoyan un ciclo de relajación más agresivo.