Claudio ha sido, también, Director de Productos Financieros en Banco Azteca, Director de Riesgo de Crédito y Director de Operaciones en HSBC, Gerente de Marca de "Western Union: Dinero en Minutos" en Elektra, entre otros. Cuenta con amplia experiencia en el sector financiero, tanto en México como en Estados Unidos, Luxemburgo, Rusia, Suiza, Israel, Guatemala, Panamá, Honduras, El Salvador, Colombia, Perú, Brasil y Argentina.
Desde hace mucho tiempo, existe una percepción errónea en torno a la informalidad en las Pymes; las personas suelen pensar que la informalidad trae beneficios económicos, cuando en realidad sucede lo contrario o, para ser más específicos, el ahorro y los aparentes beneficios no son a largo plazo.
Las pequeñas y medianas empresas son una parte fundamental de la economía del país, generan el 78% de los empleos y aportan, aproximadamente, el 52% del Producto Interno Bruto (PIB), pero están nubladas por prácticas que detienen su desarrollo.
La informalidad afecta a una Pyme de diversas formas, entre las más importantes y que más les afectan están:
En primer lugar, las empresas informales que no están avaladas por documentos que prueben su capacidad de pago y transparencia no tienen acceso a créditos o financiamientos para aumentar su producción o abastecimiento, lo que provoca la périda de oportunidades de negocio.
Por otro lado, lo que en apariencia es más barato, no siempre es lo mejor. Una empresa formal puede contar, por ejemplo, con el apoyo de los programas para acceder a fondos del Estado.
Finalmente, si operas en la informalidad, no generas confianza en tus clientes y, sin clientes, no podrás crecer o tu negocio puede desaparecer. Según el INEGI, dos de cada tres empresas mexicanas quiebran o desaparecen antes de cumplir cinco años de vida productiva.
Desde mi perspectiva, la formalidad, para un negocio o una Pyme, debe ser una meta, una oportunidad de crecimiento que, a largo plazo, represente una inversión altamente rentable.
*Director de DiSí Operaciones