Por Martín Frascaroli*
Desde la década pasada el vocabulario cotidiano se ha llenado con palabras como ciberacoso, y acecho electrónico. Estas palabras representan la cara visible de la violencia que usa un teclado como arma para que otra persona sienta miedo, angustia e incluso depresión y en casos extremos impulsos de autoagresión física. Los gobiernos, el sector privado y las sociedades comienzan a percatarse de lo extendidas de las prácticas de violencia digital entre la población, así como sus efectos nocivos en la convivencia de las sociedades.