Según los resultados del estudio “Construyendo una estrategia efectiva para las Competencias, Destrezas y Habilidades de México”, realizado por la OCDE, la proporción de estudiantes de bajo rendimiento en matemáticas es de 56.6%, en lectura de 41.7% y en ciencias casi de 48%.
A decir de expertos, resultados como estos no surgen en los planteles de educación básica ni básica intermedia sino que se vienen gestando desde el hogar e, incluso, desde los primeros años de vida de niños y adolescentes del país.
Sandra Schaffer Tishman, Maestra en Educación Especial, directora del Centro Psicoaprende y de la Fundación de Neurociencias para el Desarrollo Integral del Individuo, explica que “el bajo rendimiento escolar puede ser ocasionado por muchas causas; la mayoría de ellas pueden ser pasajeras y otras requieren mayor atención debido a que seguramente están relacionadas con problemas de aprendizaje, culturales o emocionales. El rendimiento escolar no depende sólo de la capacidad intelectual de los niños sino que los padres juegan un papel activo y deben ayudar a hacer frente las dificultades escolares. Para ello, es fundamental conocer la o las causas que pueden estar interfiriendo con el rendimiento de los estudiantes para así poder darles solución”.
Un ejemplo muy simple –detalla Schaffer- cuando se “detecta” a un niño con problemas de aprendizaje, comúnmente se le “diagnostica” con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) toda vez que tiene problemas para concentrarse en las lecciones de la escuela y le es difícil mantener el ritmo de aprendizaje sus compañeros. Sin embargo, en muchas ocasiones el padecimiento del niño se centra identificar si el niño oye y ve correctamente porque puede ser que no aprende porque simplemente presenta problemas físicos en detrimento de una óptima agudeza visual y auditiva.
En este contexto, vale destacar que entre 60 y 65 por ciento de los pacientes que son “diagnosticados” por las escuelas como niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), en realidad no lo padecen.
Para Sandra Schaffer, la única forma de identificar aquello que está interfiriendo en los niños para que aprendan fácilmente, es mediante una valoración psicopedagógica. “Sólo el diagnóstico de un experto en la materia podrá determinar la causa y la profundidad de la afección que interfiere con su rendimiento y aprendizaje toda vez que existen varios factores a considerar. El aspecto emocional es uno de ellos y éste está íntimamente ligado al entorno familiar en que se desenvuelve pues las vivencias pueden interferir en su concentración durante el proceso de aprendizaje. Es necesario poner especial atención en la forma en las que se abordan y manifiestan los temas en familia, por ejemplo los divorcios, la falta de dinero, si hay un familiar nuevo en casa, el abuso de las drogas o alcohol, maltrato físico, etc.”.
“Por otra parte, también hay que estar al tanto de factores cognitivos pues puede haber una inmadurez en su desarrollo, puede ser que el pequeño presente un coeficiente intelectual bajo, entre otras cosas, por lo que es importante acudir a un especialista y realizar una valoración completa. El especialista generalmente es un neuropsicólogo, él dará los resultados, es decir el diagnóstico y los tratamientos sugeridos”, concluye la especialista en Educación Especial.
Redacción C21














