Así, por ejemplo, una de las grandes preguntas de la economía es cómo lograr que agentes que disponen de información desigual, asimétrica, decidan cooperar entre ellos. Robert Wilson, al haber dedicado su trayectoria a investigar cómo se desarrollan las interacciones económicas en esa situación de desigualdad informativa ha aportado una solución, y es que los agentes se construyan una reputación que facilite la cooperación.
Wilson aporta herramientas y estrategias para construir la reputación contemplando distintos supuestos. En dos de sus artículos más conocidos, plantea sendos contextos en los que se requiere un tipo de reputación distinta: mientras que en un monopolio se trata de ofrecer una imagen de dureza para mantener la posición y evitar la competencia no deseada, en situaciones de conflicto multilateral como en el llamado “dilema del prisionero repetido”, el objetivo es construir la reputación de ser “cooperador”.
Hasta los años 60 del pasado siglo, se pensaba que los precios se fijaban en mercados que se correspondían con un modelo cooperativo en el que todos los agentes disponían de la misma información, pero Wilson fue unos de los pioneros en advertir que la hipótesis de información perfecta no era sostenible y que un tratamiento más adecuado requería la consideración y el análisis a partir de la teoría no-cooperativa.
Robert B. Wilson (Ginebra, Nebraska, 1937) se licenció en Matemáticas en la Universidad de Harvard y, a continuación, cursó el máster en la Harvard Business School (1986), donde también se doctoró (1963), con una tesis de investigación de operaciones sobre la programación cuadrática secuencial.
En 1964 se había incorporado a la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, donde ha desarrollado su carrera hasta hoy. Wilson ha aplicado sus conocimientos matemáticos y su especialización en teoría de juegos al diseño de subastas, en particular en los sectores del petróleo, las comunicaciones y la industria energética. Su libro Nonlinear pricing es una referencia en el diseño de tarifas de bienes públicos, desde la energía al transporte.
Ingeniería Económica
Fue en el campo de la denominada ingeniería económica en el que hizo uso de las herramientas de la teoría de juegos para mejorar el diseño de los mercados. En este campo, Wilson ha trabajado fundamentalmente en subastas públicas, como por ejemplo en el desarrollo de subastas de derechos de prospección de petróleo en la Costa de California, y en otras relacionadas con el diseño y tarificación eléctrica.
Desarrolló su investigación y aplicaciones a las subastas junto a uno de sus discípulos, Paul Milgrom, que precisamente recibió el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en 2012 entre otras razones por su contribución en este terreno.
A mediados de los años 90, la compañía telefónica Pacific Bell, de California, pujaba en una subasta organizada por la Federal Communications Commission (FCC) de Estados Unidos. Tras criticar el diseño de la subasta, que no era buena ni para los organizadores ni para los pujadores, Wilson y Milgrom presentaron una propuesta alternativa que la FCC asumió. Se trata de la subasta de rondas múltiples simultáneas (SMR por sus siglas en inglés). En lugar del clásico sistema a sobre cerrado, recomendaron un sistema de pujas abiertas, en el que cada empresa pudiera ver lo que las demás estaban ofreciendo, combinado con reglas para evitar monopolios. La subasta -pensada para la entonces nueva generación de dispositivos formada por teléfonos móviles y agendas electrónicas con acceso a internet- se saldó con un récord histórico de 7.000 millones de dólares y la demostración práctica de que la teoría de juegos era útil en la adopción de decisiones estratégicas.
Pero Wilson siguió investigando en otro tipo de interacciones económicas y concluyó que la reputación era un elemento esencial para favorecer la cooperación. “Los efectos de reputación son más relevantes en las negociaciones como por ejemplo en las laborales. Cuando una empresa asume los costes de una huelga para convencer al sindicato de que la productividad marginal del trabajo no es más alta de lo que realmente es, envía una señal creíble que sustenta su reputación”, comentó ayer al recibir la noticia del premio.
Aparte de las subastas, otra de sus grandes contribuciones en el marco de la teoría de juegos fue el desarrollo, junto con David Kreps, del concepto de equilibrio secuencial, clave para anticipar la secuencia de reacción de los agentes al descubrir que los otros se han apartado del plan original. “De este modo se proporciona a cada jugador una hipótesis sobre el comportamiento de los demás mientras se desarrollan los acontecimientos”, explica Wilson. Este concepto, dio lugar a una amplia gama de aplicaciones en la economía, por ejemplo en organización industrial permitió la creación de una mejor modelización de las guerras de precios.
REDACCIÓN C21














