En entornos digitales cada vez más competitivos, el crecimiento del flujo de imágenes no responde únicamente a la innovación tecnológica, sino a una presión constante por maximizar resultados: captar atención en segundos, optimizar tasas de clic, y aumentar conversiones. Bajo esa lógica, muchas decisiones creativas comienzan a priorizar diseño orientado a la conversión, en lugar de diseño orientado a la conexión. Colores que resaltan en el feed, encuadres pensados para detener el scroll, composiciones que usan imágenes genéricas. El resultado es un fenómeno menos visible pero cada vez más presente: publicidad técnicamente efectiva, diseñada, supuestamente, para maximizar el impacto, pero crecientemente intercambiables entre marcas que compiten por las mismas métricas.
“Cada vez es más difícil captar la atención de las personas, por lo tanto la presión por optimizar el contenido visual para plataformas digitales sumado a la presión por ser más rápidos, al menor costo posible, está influyendo directamente en cómo se ve la publicidad o el marketing digital de las empresas. Sin embargo las marcas deben recordar que están interactuando con personas, no con algoritmos”, explica Samuel Malave, Gerente de Investigación creativa en iStock.
De acuerdo con la investigación del experto de iStock, sitio que ofrece una de las mejores bibliotecas de fotos y videos libres de derechos, las audiencias actuales ya no solo consumen contenido: lo evalúan. En entornos saturados, las personas cada vez son mejores para identificar patrones repetitivos, estéticas similares y narrativas visuales construidas para “vender”.
Datos de un estudio de impacto visual realizado por la compañía con 6,000 participantes de todo el mundo muestra que los encuestados distinguen con alta precisión entre imágenes reales y aquellas percibidas como generadas o fuertemente modificadas. Cuando una imagen activa señales asociadas a sobreproducción —simetría rígida, iluminación uniforme, acabados excesivamente pulidos— aumenta la probabilidad de que sea considerada “escenificada” o “falsa”, lo que según el análisis, reduce su atractivo.
“La IA puede generar una imagen ‘ok’ en apenas segundos. Pero velocidad, no siempre significa calidad.” señala Malave. “Los datos muestran que ciertos códigos visuales —perfección extrema, fondos neutros sin contexto, ausencia de textura— activan percepciones de artificialidad. En esos casos, la estética deja de reforzar el mensaje y comienza a debilitarlo. En pocas palabras, puede que las marcas estén consiguiendo lo opuesto a lo que buscan”,
Para las PyMEs, este escenario tiene implicaciones directas. El mismo estudio identifica una relación consistente entre calidad percibida y capacidad de captar atención, y evidencia que variables como credibilidad y cercanía influyen en la evaluación general de una imagen. Cuando múltiples marcas dentro de una categoría replican fórmulas visuales similares, la diferenciación se vuelve menos evidente.
En marketplaces digitales y redes sociales, esa repetición es visible: retratos con encuadres prácticamente idénticos, fondos neutros que eliminan contexto o escenas pulidas hasta borrar cualquier rastro de imperfección. Por el contrario, la investigación señala que imágenes con textura visible, profundidad y escenarios reconocibles tienden a generar mayores niveles de credibilidad.
“Nuestros hallazgos muestran que atención y calidad están completamente interconectados, mientras que la credibilidad y cercanía tienen un efecto en la respuesta emocional de los consumidores”, agrega Malave. “El contenido que se percibe como real y visualmente contextualizado mantiene mejores niveles de confianza. La IA puede aportar dinamismo o escala, pero su uso requiere dirección clara”, asevera.
En mercados digitales saturados, donde la atención es limitada, el experto indica que la combinación de imágenes con textura auténtica, uso estratégico de video y el uso de herramientas de IA, aplicado con criterio tiende a generar mayor recordación y acción. Sin embargo, cuando se replica contenido genérico o se imitan moldes preexistentes, el impacto se diluye, especialmente en categorías donde la oferta visual suele parecer uniforme.
Redacción C21














