A principios del siglo XV, el invento de la imprenta de Gutemberg revolucionó la industria editorial al poder producir libros en serie y; con esto, expandir el conocimiento escrito a un mayor número de personas en el mundo. Más adelante se fueron perfeccionando los métodos de fabricación de libros pasando por la máquina de escribir, hasta llegar a las computadoras modernas, las cuales tienen la capacidad de procesar textos, además de proyectar los que ya se encuentren escritos en ella.
Así, surgieron los primeros proyectos que buscaban obtener y comercializar libros en formato electrónico, como el proyecto Gutemberg iniciado en 1971, o la tienda de Amazon en 1995, con mayor éxito. Sin embargo, fue a finales de la década de los noventa cuando comenzaron a venderse en el mercado los primeros lectores de libros electrónicos aunque la escasa oferta de libros en dicho formato dificultó su adopción masiva en ese momento.
Al incrementarse el uso de las computadoras de forma personal, así como la cantidad de libros disponibles en formato digital, se detonó también la demanda por dispositivos de lectura electrónicos como el Kindle de la tienda en línea Amazon o el e-Reader de Sony, además de Tablets como la Playbook de RIM, la Samsung Galaxy o el iPad de Apple con una aplicación de lectura. De esta manera se han logrado satisfacer necesidades actuales con productos de calidad enfocados a lectores modernos, los cuales agradecen la movilidad y versatilidad de estos aparatos.
Por el contrario, y a pesar de que la oferta de los libros electrónicos ya empieza a ser vasta, hay muchas personas que por distintas razones aún no quieren adoptarlos. En esta línea es importante mencionar que no se trata de sustituir a los libros tradicionales de ninguna manera. El romanticismo alrededor de abrir un libro físico: su textura, olor, color y sensación es indiscutible. Además, el estar autografiado o dedicado por una persona querida lo hace invaluable. Por su parte, también existen corrientes a favor de la conservación de árboles y reducir las impresiones innecesarias; así como personas que prefieren ahorrarse el costo de impresión y adquirir una mayor cantidad de libros. Definitivamente es un tema debatible.
Pero sin duda, el invento de los libros digitales viene al mundo a cambiar la forma de leer, dándole también algunos beneficios adicionales a esta actividad como el poder cargar una biblioteca completa en un solo dispositivo, modificar el tamaño de letra del libro en caso de que nuestra vista se sienta cansada y; por supuesto, tener al alcance de un botón una cantidad de contenidos nunca antes vista para comprar y leer inmediatamente sin la necesidad de trasladarse a una librería. Aún más, similarmente a los reproductores de música digital, ahorra tiempo y esfuerzo al querer cambiar el tipo de lectura realizada apretando solamente un botón.
Todo lo anterior en el contexto de un país como el nuestro donde se lee menos de 3 libros en promedio por persona y se dice que ha ido disminuyendo a favor de la utilización del internet. Por lo tanto, libros digitales más que reemplazar a los libros vienen a complementar e incrementar la oferta de libros tradicionales, y al menos, impulsar los hábitos de lectura de los usuarios que los consumen.














