Sin embargo, un reciente informe sobre innovación regional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) revela que en México no existe una visión conjunta entre todos los niveles de gobierno y el sector privado que posibilite mantener el crecimiento del país durante las crisis, y esto se debe a que las políticas públicas existentes no estimulan suficientemente la competitividad de los estados de acuerdo a sus propias capacidades científicas o industriales.
Con el fin de impulsar las vocaciones competitivas de los estados y acelerar el progreso del país hacia las sociedades del conocimiento, la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico (Adiat) presentó en el marco de su XX Aniversario los mecanismos para potenciar los Sistemas de Innovación Regional (SIR) y articular el Sistema de Innovación Nacional (SIN), definidos como la red de agentes y sus interacciones que están directa o indirectamente relacionados con la introducción a la economía de nuevos productos y procesos tecnológicos.
Según el maestro Gerardo Ferrando Bravo, Vicepresidente para su Sistema de Innovación Nacional, “desde su fundación la Adiat tuvo como misión proponer lineamientos para impulsar la efectividad de instrumentos públicos que permitieran, de forma natural e inevitable, contar con una política de Estado en Ciencia y Tecnología capaz de sobrevivir a los cambios sexenales”. Ahora, dijo, “la experiencia acumulada nos ha permitido ser un líder en el impulso de una cultura nacional de innovación, con objetivos y programas de largo alcance”.
A juicio del que fuese Director General del Sistema de Transporte Colectivo Metro, las políticas de Estado juegan un papel fundamental en la organización de planes educativos de ciencia, tecnología y de desarrollo. Lamentablemente, “la situación actual de México es desfavorable en este campo en comparación a otras naciones como Corea del Sur, que hace 20 años tenía una situación muy parecida a la de México, pero que gracias a la inversión en Investigación, Desarrollo e innovación (I+D+i) ahora tiene una posición privilegiada en el entorno económico global”.
Incluso, dijo, “la brecha es todavía mayor contra países de Europa y particularmente España, que hace poco evaluó las políticas mexicanas en la materia para hacer recomendaciones sobre su diseño e instrumentación”. Esto se debe, precisó, a que el país invierte escasamente entre el 0.4% y el 0.7% del Producto Interno Bruto (PIB) --según cifras de la OCDE y del Conacyt, respectivamente-- en Investigación y Desarrollo Tecnológico, y ocupa el lugar número 60 en competitividad (entre 134 países) y el 90 en innovación a nivel global de acuerdo con el último reporte del Foro Económico Mundial.
Asimismo indicó que el reporte sobre innovación de la OCDE señala que los paquetes de estímulos fiscales se reparten de manera desigual, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas, que representan el 80% de la actividad económica nacional.
Y es que, a pesar de algunos destacados esfuerzos privados y públicos, en el país aún no permea una cultura emprendedora y de cambio tecnológico generalizada, “lo cual es preocupante porque en el mundo donde competimos se innova vertiginosamente en todos los sectores incluidos, por cierto, los basados en la explotación de recursos naturales, donde las empresas hacen pleno uso de las tecnologías de información, biotecnología, nanotecnología y otros progresos científicos y tecnológicos en una cultura de cambio, de modernidad”.
De hecho, “la innovación en México es claramente insuficiente y expresada de modo aislado, de ahí que los mejoramientos productivos, que son muchos, suelen no ser atractivos para los países desarrollados y economías emergentes”, apuntó por su parte el ingeniero Leopoldo Rodríguez Sánchez, Presidente de la Junta de Honor de la Adiat y Coordinador Temático de Innovación en la Academia de Ingeniería.
Frente a ese panorama, sostuvo que la Asociación cultiva, desde hace dos décadas, el terreno para la articulación de un Sistema Nacional de Innovación (SIN) con objetivos y mecanismos claros para que el país fortalezca su política de Estado en Ciencia y Tecnología, alcance niveles de competencia de largo plazo y acelere su proceso de incorporación a las sociedades del conocimiento.
De esta modo, la propuesta de la Adiat es una pirámide en tres niveles con base en un enfoque de innovación regional ligado a las vocaciones competitivas de los estados; es decir, que sus actividades económicas y comerciales sean coherentes con su entorno.
“Buscamos que cada región aproveche mejor sus recursos materiales y humanos para generar innovación, ya sea de frontera o de nivel medio a bajo, en productos, servicios o procesos pero con un valor agregado que marque la diferencia”, explicó quien fuera durante más de 25 años Directivo en el Grupo Desc.
El Presidente de la Adiat, doctor Sergio Ulloa Lugo, precisó que para la implementación del Sistema Nacional de Innovación el primer paso “es estimular la cohesión entre todos los actores hacia un mismo rumbo y crear una coalición institucional y social que sustente los nuevos acuerdos, políticas y acciones”.
Un segundo paso, comentó, es crear sistemas de desarrollo tecnológico equiparables a los de países avanzados, con cadenas de proveedores o clústers que presten servicio a las grandes empresas sin excluir la transferencia de conocimiento proveniente del extranjero, vincularse con otros sectores y generar, eventual o sistemáticamente, investigación e innovación.
Con ese fin, el también Director del Centro de Investigación y Desarrollo de Schering Plough reveló que a partir del segundo semestre de 2009 la Adiat pondrá en marcha la formación de una masa crítica de vinculadores; esto es, líderes con una amplia visión del futuro y que sepan cómo detonar la transferencia y comercialización de la tecnología mediante unidades destinadas para ello.
Estas Unidades de Transferencia de Tecnología (UTT), señaló el Ing. Víctor Lizardi Nieto, Director General del Centro de Tecnología Avanzada de Querétaro (CIATEQ), contarán con todo el marco regulatorio necesario para operar y proteger la propiedad intelectual --patentes, diseño industrial, copyright y marcas registradas— de las organizaciones que reciben fondos públicos para la investigación, recompensando así la inversión en I+D+i.
Mencionó que en Europa y Estados Unidos las UTT se encuentran insertas en las universidades y centros de investigación, y realmente han resultado muy útiles porque tienen grupos de expertos para redactar acuerdos de transferencia, vender y detectar oportunidades de negocio. En México, en cambio, son los investigadores quienes salen a ofertar sus desarrollos porque dentro de las universidades y centros no existen.
El fin último de todos los proyectos que la Adiat impulsa “es formar las beses que propicien cambiar el paradigma actual donde los centros marchan por su camino y las empresas nacionales por otro sin que se encuentren nunca. Así, tendremos empresas que obtengan desarrollos tecnológicos realizados en México, que se encuentran bien articulados y enfocados en potencializar la prosperidad del país”, concluyó el también consejero de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra).

Ciudad de México.- Debido a la crisis económica por la que atraviesa el mundo, hoy más que nunca resulta imperante la inversión en Investigación y Desarrollo Tecnológico, ya que ello permite agregar valor a la producción y generar, entre otras cosas, conocimiento para generar trabajo y satisfactores. En los países desarrollados, la importancia de la Innovación como palanca del desarrollo no está en duda y es parte de su cultura, de modo que los diferentes actores (gobierno, industria y academia) conjugan esfuerzos y definen compromisos.













